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Transgénicos y algodón en España

El algodón es el más contaminante de todos los cultivos. La cantidad de agua y productos químicos de síntesis que utiliza el monocultivo del mismo hacen de él un verdadero peligro medioambiental. El desarrollo de cultivos de algodón transgénico a gran escala en España agravaría aún más la situación de un sector muy dañado. Desarrollar el cultivo de algodón de forma sostenible es una necesidad urgente que únicamente puede lograrse cambiando la mentalidad del consumidor. Solamente desechando la cultura de usar y tirar, abrazando el decrecimiento y aprendiendo a valorar la calidad y la proveniencia de nuestras prendas podremos hacer viable el cultivo sostenible y ecológico de este producto tan conflictivo. Sobre estos y muchos otros temas trata la entrevista que Gema Gómez mantuvo con Juan Felipe Carrasco, responsable de transgénicos de Greenpeace y que publica en su blog sobre moda sostenible.

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Gema Gómez:Hoy tenemos el placer de hablar con Juan Felipe Carrasco, responsable de transgénicos de Greenpeace, ecologista y activista, un hombre inteligente que hila fino, generoso, coherente con sus creencias y su manera de vivir. Juanfe nos va a ayudar a entender un poco mejor qué es el algodón transgénico para que los profesionales del sector textil, diseñadores y compradores, así como los consumidores finales, entendamos cuáles son las nefastas consecuencias de este cultivo en la naturaleza, es decir, en nuestro entorno”.

Cuéntanos algo de tu historia personal, Juanfe. ¿Cuál ha sido tu trayectoria? ¿Cómo llegaste al puesto que ocupas desde hace 10 años?

Soy Ingeniero Agrónomo de formación, especialidad en Fitotecnia. Mi primer trabajo fue en EEUU, en una Universidad de Texas, llevando temas de agricultura industrial con “alto input”, es decir, con muchísima química, mucho riego, etc. que me dio la oportunidad de ver de cerca lo que era este tipo de agricultura; por otro lado, desde pequeño, pasaba mis vacaciones en el pueblo de mi padre en Extremadura, donde he podido ver otro modelo de agricultura distinto, de montaña, de supervivencia, que es una agricultura de “bajo input”, de mucha independencia, de mucha soberanía.

Mi primer trabajo en España fue en una multinacional de comercialización de soja y de maíz transgénico, entre otras cosas, como analista de mercados, que me dio la oportunidad de ver lo que hay detrás de las industrias multinacionales y del comercio internacional del grano, y eso me hizo ver que no era el mundo que yo quería y que prefería ganar menos y trabajar por otro modelo. Justo en aquellos momentos, Greenpeace abría una campaña de biotecnología y me eligieron, y llevo 10 años como responsable de agricultura y transgénicos de Greenpeace en España.

Resaltaría de tu perfil profesional que eres un gran activista. ¿Por qué piensas que es necesario movilizarse?

Porque el modelo imperante nos lleva a inmovilizarnos delante del gran montaje de los medios de comunicación, que cuentan básicamente las malas noticias para que no pensemos que hay salida a las cosas. El activismo es el antientretenimiento, vamos a intentar decir que hay otro modelo posible y ese modelo pasa por movilizarse y por hacerlo colectivamente. Creo que es la única salida a este presuicidio colectivo que vivimos.

Entrando en materia, ¿es segura la biotecnología como técnica? ¿Cuál es el efecto que produce en las semillas? ¿Es cierto que estas pierden su capacidad de regenerarse de manera natural?

La biotecnología es una palabra muy amplia que agrupa muchísimas cosas. La biotecnología no son sólo transgénicos: hacer vino, hacer queso, hacer pan es biotecnología. Los transgénicos son un tipo concreto de biotecnología muy invasivo y que altera la estructura de los genes. Es muy distinto eso a utilizar la vida y sus derivados; por ejemplo, el uso de la lana es “biotecnología”, es decir, usar un producto vivo que va a producir algo que luego me va a ser útil. Incluso dentro de las biotecnologías que tienen que ver con la genética las hay que no son malas, por ejemplo, la selección asistida por marcadores que es un tipo de biotecnología que tiene que ver con el ADN, que es positivo y que no tiene que ver. Otra cosa es la tecnología del ADN recombinante, que consiste en romper la estructura del ADN de un ser vivo para injertarle genes de otro ser vivo, llegando a graves problemas genéticos. Por ejemplo, lo que llamamos la desregulación, que significa que al cambiar la estructura del ADN de un ser vivo sus genes ya no se comportan exactamente como se deberían de comportar, se quedan desregulados, descontrolados, y ahí es donde empiezan los problemas. Los transgénicos pertenecen a esta tecnología del ADN recombinante con consecuencias nefastas para la biodiversidad y la salud. Por lo tanto quiero dejar muy claro que contra lo que nosotros estamos es contra los transgénicos liberados al medio ambiente, es decir, los cultivos que destruyen un modo de agricultura sostenible y soberana o la liberación de animales transgénicos (por ejemplo los actuales intentos con el salmón).

Focalizándonos en el textil: cuando hablamos de algodón transgénico, ¿de qué estamos hablando realmente? ¿A qué proceso se someten las semillas? ¿Qué es lo que ocurre con esas semillas?

La biotecnología o los transgénicos consisten concretamente en meter un gen de una especie dentro de otra: meter genes por ejemplo de rata en una lechuga o de bacteria en el maíz. Es básicamente mezclar especies que nunca lo hubieran hecho en la naturaleza; es algo aberrante, cuyo objetivo es el control mundial de la producción agraria por cuatro multinacionales, por la vía de la patente y de la demanda de productos químicos.

¿Cuál es la excusa en el caso del algodón? En España y en gran parte de Asia existe una plaga que se llama eliotis que se come las cápsulas que son el fruto del cual saldrá después la fibra que nosotros cosechamos. Para controlar esa plaga hace falta un enorme batallón químico. Ahora nos dicen: “yo te vendo un algodón que resiste esa plaga, que al morderla muere y no hace daño al algodón“. Lo que no nos dicen es que esa plaga es el resultado de nuestra estrategia de cultivo, es decir, el monocultivo intensivo reiterado con mucha agua, muchos abonos, nitrógeno y todas las condiciones que le viene bien a la plaga. Por lo tanto este modelo de agricultura es el que lleva a producir el enemigo de nuestro cultivo pero la solución no es esa.

La solución es algodón introducido en una estrategia de variedad de cultivos, de rotaciones, donde el algodón va a estar este año donde el año pasado había por ejemplo patata, y otro lechuga. Es decir, una estructura agroecológica, de rotaciones, de diversidad, no una estructura de monocultivo. Por lo tanto, la excusa: luchar contra una plaga. La realidad: eso es mentira, la plaga la induce el mismo cultivo que nos dicen que viene a solucionar el problema.

¿Cuáles son las diferencias esenciales entre el cultivo del algodón transgénico y el cultivo de algodón de convencional?

El algodón transgénico, a priori, necesita menos tóxicos porque él mismo es un tóxico, él mismo produce veneno, con lo cual necesita mucha menos aplicación de venenos.

Es cierto que el algodón convencional tal y como se ha llevado este cultivo hoy en día, por ejemplo en Andalucía, supone un enorme cóctel de productos químicos tremendamente tóxicos para la naturaleza y para la salud. Comparar el transgénico con el convencional tiene una cierta trampa, porque en cierto modo estás comparando lo peor de lo peor a lo que hemos llegado con un modelo de monocultivo que lo que ha hecho ha sido favorecer a toda una serie de plagas contra las que luego quiero luchar químicamente con eso mismo, pero además modificado genéticamente. Por lo tanto, habría que comparar el transgénico con el algodón cultivado en condiciones agroecológicas. Esa es la comparación que tiene sentido, no la comparación entre lo malo y lo peor. El hecho de cultivar transgénicos en un campo no significa que deje de ser utilizable esa tierra en el futuro para un cultivo no transgénico si dejas pasar suficientes años y una serie de técnicas. Nada está perdido, las cosas son recuperables, lo que pasa es que hace falta voluntad política.

¿Y qué es el algodón de transición?

Estamos hablando de fincas de transición al ecológico. Es importantísimo que se ayude económicamente a quien está en ese proceso, pero hay que tener mucho cuidado que no nos vendan algo falso, es decir, hay que asegurarse bien de que no se estén usando químicos, no existe certificación de transición ecológica en España. Existe otra cosa que no tiene nada que ver que son los cultivos integrados: no se trata de cultivos ecológicos, dado que se emplea un poco de lucha química pero complementándola con otros métodos de control de las plagas, como por ejemplo en el caso del algodón unas lámparas atrapainsecto. En Andalucía, el sindicato COAG tiene unas fincas que están experimentando este tipo de lucha, consiguiendo reducir muchísimo la cantidad de químico utilizada, pero evidentemente no es ecológico.

Hablabas de que no se usen pesticidas. ¿Qué efectos producen en la tierra?

Los pesticidas en la tierra tienen un efecto nefasto: destruyen las capas freáticas, destruyen en cierto modo la vida que hay en el agua superficial o subterránea y al final todo ello se acumula en el mar, en el lago, en el río, se acumula en los seres vivos por bioacumulación, cuando un ser vivo come a otro que ha sido contaminado, otro se come a ese, etc. Al final todo ello acaba acumulado en nosotros y en la naturaleza. Los pesticidas producen malformaciones genéticas, como el agente naranja que se usó en la guerra del Vietnam y que a día de hoy en la tercera generación aún produce malformaciones. Se necesita un modelo de agricultura basado en los equilibrios agroecológicos en el campo, es decir que para luchar con esta plaga tengo que potenciar el enemigo de esa plaga, que es otro animal, oro insecto, etc.

¿Y que pasa con la biodiversidad?

Es complicado describir en profundidad los efectos de los transgénicos en la biodiversidad; estamos hablando de flujo génico, de que los genes de un trasgénico pueden pasar a otras especies y producir efectos graves sobre la biodiversidad. Por ejemplo imagina una planta resistente a un herbicida, que trasmite ese gen a una mal llamada “mala hierba”, es decir, a una vegetación acompañante a un cultivo, y que esa hierba se hace resistente también a ese herbicida: ya no bastaría con aplicar esa cantidad de herbicida cada vez, habría que aplicar más. Por lo tanto ese es un problema muy grave y en EEUU, por ejemplo, se sabe que un enorme porcentaje, en torno a un 50-60% de la agricultura, ya es resistente a los herbicidas convencionales, teniendo que usar amplios cócteles de herbicidas para acabar con los seres vivos.

Otro ejemplo sería si un maíz transgénico, por ejemplo, resistente a un insecto, ese insecto se hace resistente al maíz (los individuos menos sensibles no mueren al contacto con ese maíz, se aparean dando lugar a una generación de insectos más resistentes, la cual cada vez se hace menos sensible a los insecticidas) y se exporta ese problema a otros campos no transgénicos, convencionales o ecológicos, aumentando el efecto de esas plagas. Es decir, son efectos en cadena sobre la agricultura y la naturaleza que son inasumibles. Sólo España cultiva transgénicos en la UE a gran escala; la sociedad española traga con los transgénicos como traga con todo; el eurobarómetro demuestra que la mayor parte de los ciudadanos se opone a los transgénicos y, sin embargo, nuestro gobierno sigue tolerándolos y sigue escondiéndolos para que no sepamos que los comemos. Por ello no se aplica tampoco ni la ley de registro público, ni la ley de etiquetado de trazabilidad, ni ninguna de las herramientas que nos permitiría decir no, simplemente se nos borra su presencia y se nos impone su consumo.

En España existen ya otros cultivos transgénicos. De aprobarse el cultivo de algodón transgénico en un futuro, Andalucía sería la región más agraviada. Sabemos las consecuencias que estos cultivos han tenido en regiones de India. ¿Cuáles serían las consecuencias en Andalucía?

Las consecuencias serían destruir aún más un sector que ya esta tremendamente dañado; sería un proceso de más destrucción de empleo, de más destrucción ambiental y de concentrar este sector en cada vez menos manos, que son los de siempre, los que siempre han mandado, los que hace dos décadas tenían la pistola en el cinto y que hoy en día tienen el control de la semilla, los mismos que tienen atenazados a los agricultores indios; no podemos permitir que ocurra lo que está ocurriendo en otros lugares del mundo. En un país como la India, donde la cultura del suicidio cuando las cosas van muy mal está muy arraigada, se han suicidado del orden de 200.000 personas en una década y media, por la situación de dependencia económica que ha generado este cultivo. Esto nos habla de a dónde nos puede llevar este cultivo, la destrucción de un tejido social y un tejido agrario y precisamente en un momento de la historia donde uno de los mayores problemas de la humanidad es la desruralización.

¿Existe alguna alternativa propuesta desde Greenpeace de otras fibras que se pueden usar además del algodón ecológico?

Dentro de Greenpeace no se está haciendo campaña por otras fibras pero, a nivel personal, te puedo decir que es un tema complejo. Parece que en ciertos aspectos y en determinados casos sería casi mejor utilizar fibras derivadas del petróleo en lugar de fibras que no vengan de un cultivo agroecológico. Hay que romper tópicos y hay que analizar muy de cerca el ciclo de vida total de un textil, de una fibra. Hay que investigar qué fibra, en qué condiciones de cultivo, en qué lugar del mundo, y analizar el impacto ecológico del viaje de esa fibra.

Si tuvieras delante un profesional del textil, diseñador, comprador o tejedor, ¿qué le dirías? ¿Cuál crees que es el camino de la sostenibilidad en el textil en España?

Mi respuesta es estrictamente personal dado que Greenpeace no trabaja en estas temáticas directamente. Creo que la sostenibilidad es social, económica y ecológica y si no cubrimos estas tres ramas no hacemos nada; un cultivo tremendamente sostenible, si no tiene detrás una posibilidad de abrir un mercado, no sirve para nada, no va a tener salida y va a durar año y medio el proyecto. Hay que seguir los paradigmas del mercado que busca estética, que busca comodidad, las tendencias hacia las que va el mundo y que, si no se siguen, cualquier esfuerzo no va a servir para nada. Es muy complicado porque hay que aunar la sostenibilidad ecológica en el cultivo y en el transporte, y la gestión industrial posterior de ese cultivo hasta que llega aquí a España y que además que eso se haga atractivo, dentro del paradigma estético en el que estamos viviendo y del cual es imposible abstraerse; o el proyecto textil va en este sentido o nos vamos a dar de bruces, teniendo que volver al mercado convencional porque el proyecto no ha funcionado. Por lo tanto, sostenibilidad económica, social y ecológica. Si no, no es posible.

¿Qué beneficios crees que pueden obtener los empresarios del uso de materias sostenibles a medio plazo? ¿Resulta rentable?

Desgraciadamente, no estoy seguro de que sea rentable. Lo que me llega es que es muy difícil hacerlo rentable porque vivimos en una sociedad rápida, donde también el textil es rápido en su producción, en su transporte, en su consumo, en su destrucción. Todos los ciclos de vida son muy rápidos: vivimos en un modelo social en el cual las grandes empresas venden el paradigma del sobreconsumo, del sobregasto y, por lo tanto, el textil es parte de esa cadena. Yo abogo por ralentizar la vida, el consumo, darle más años de vida a las prendas y cualquier objeto, así como por los paradigmas de decrecimiento. Y el decrecimiento no es volver atrás, es otro modelo de felicidad basado en otras velocidades, basado en menos cantidad, más calidad y en que las cosas duren y te hagan más feliz. Por lo tanto, si no cambiamos el paradigma global, el cerebro del conjunto de ciudadanos y el corazón, básicamente pues no vamos a poder hacerle un hueco al textil sostenible. Porque no puedes vender al doble de precio algo que con el “mismo aspecto” puedes comprar a la mitad en otro sitio. Sin una labor de educación profunda en el conjunto de la sociedad, sin una labor de modificar la visualización global de la sociedad, no considero que pueda ser sostenible un modelo así.

Muchas gracias Juan Felipe por ofrecernos tu tiempo y por ayudarnos a poner un poco más de luz en este tema tan complejo como es la producción de un textil sostenible y los nefastos efectos del algodón transgénico tanto a nivel medio ambiental como a nivel social en el planeta.

Gema Gómez

 

Fuente: Ladyverd.com